¡Operación traición! MC actúa como esquirol y le entrega a Morena el control electoral

Los naranjas se olvidan del discurso opositor y ayudan a empujar una reforma bajo sospecha

La Cámara de Diputados vivió una de esas jornadas que retratan sin maquillaje la verdadera naturaleza de los partidos. Con 377 votos a favor, 102 en contra y cero abstenciones, se aprobó en lo general el dictamen de reforma electoral que toca los artículos 115 y 116 y agrega un párrafo al 134 constitucional. Y en ese bloque mayoritario apareció Movimiento Ciudadano, no como freno, no como crítica, no como contrapeso, sino como respaldo funcional para Morena.

No es una anécdota ni un detalle menor. La reforma electoral vuelve a colocar sobre la mesa la intención del oficialismo de reconfigurar el terreno en el que se disputa el poder. Cada modificación en esta materia importa, porque toca los cimientos de la competencia democrática, la vigilancia institucional y la relación entre gobierno, elecciones y propaganda. Por eso el voto de cada bancada era una prueba de consistencia política.

Movimiento Ciudadano reprobó esa prueba de forma escandalosa. En lugar de actuar como una fuerza opositora seria, decidió correr a reforzar la narrativa de mayoría invencible de Morena. Lo hizo sin rubor, sin asumir el costo moral de votar junto al oficialismo en uno de los temas más delicados y sin preocuparse demasiado por el mensaje que le manda a sus propios simpatizantes, esos a los que les vendieron la historia de que eran algo distinto.

Lo más irritante es que MC seguirá queriendo presentarse como víctima de ataques, como opción ciudadana o como referente de modernidad. Pero ya no basta con el relato publicitario. Sus hechos pesan más que sus slogans. Y los hechos muestran a un partido que una y otra vez se acomoda según la coyuntura, que golpea a la oposición tradicional mientras le allana el camino a Morena, y que se ha especializado en ser útil justo cuando el régimen necesita una mano extra.

Al final, la fotografía política es devastadora para el partido naranja. Ya no puede fingir neutralidad, ya no puede esconderse detrás de tecnicismos, ya no puede seguir jugando a dos bandas sin desgaste. En la votación del Plan B, Movimiento Ciudadano se comportó como esquirol de lujo del oficialismo y dejó claro que su papel no es enfrentar al poder, sino administrarle oxígeno cuando las cosas se complican.

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